LA TROMPETISTA DE FALOPIO



jueves, febrero 04, 2010

EL TRANSPORTE Y LOS MALANDROS

Organización espontánea
La otra noche estaba en la base. Me salieron barbas, y del micro ni sus luces neón. Entonces volteó un señor, dijo: estos microbuseros, hijos de la madre, dejan de cargar pasaje cuando quieren, salen a la hora que se les da la gana ¿o no, señorita? Yo contesté: tiene toda la razón, además manejan como si vinieran solos, son unos verdaderos malandros. Total que ambos hicimos grupo con otros vecinos, de modo que seis, en total, nos dispusimos a tomar un taxi, pero como a veces no quieren subir tanta gente, una señora propuso que fingiéramos ser familia. Nos trepamos al coche, pregunta el taxista: ¿de aquí a Six Flags (por aquello del auto sardina)? Y nosotros: jajaja. Total que los vecinos llegamos a una misma conclusión: los microbuseros son malandros debido a que lo hemos permitido; por eso, en el camino hicimos un pliego petitorio, decidimos a quién enviar el documento e incluso nos repartimos tareas. Poco a poco, cada pasajero se fue bajando, al tiempo que decía frases como: adiós familia, o hasta luego, tío.

El malandro buenaonda.
Ya sé ya sé, es un mal hábito el tomar taxis. Y es peor tomarlos sin fijarse si son piratas. Hoy hice eso. Tenía tal prisa, que me subí en el primer objeto rodante y rojidorado que pasó. Una vez dentro, me di cuenta de que el coche no tenía tarjetón, ni calcomanías oficiales, ni taxímetro; lo que sí traía era una especie de baffle, con los cables afuera, así como una palanca dorada, con forma de cabeza de chivo. Y que voy viendo al conductor: a-su-mechísima, era igualito a los que salen, portando una pistolota, en las noticias sobre las bandas atrapadas; prejuicio fundado o infundado, sigo pensando que era un malandro, mismo que conducía que daba miedo. Yo procuré ser amable, mientras me agarraba al asiento con veinte uñas y lo oía mentarle la madre a todo el que se le ponía en frente, de pronto mete la mano bajo el asiento, pienso: ¡la fusca, ya me morí! Pero lo que sacó fue un poco de estopa con que limpiar el parabrisas.
Finalmente, el conductor me dejó en la puerta de mi trabajo, no sin antes decirme: tómate una taza de miel con harto limón, para que se te quite la tos. De paso me deseó un bonito día, yo contesté: igualmente (lo cual espero que no equivalga a: que le vaya muy bien, que robe mucho hoy.)

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miércoles, noviembre 11, 2009

DE BUDISMO, CHANCLAZOS Y CANGREJOS ERMITAÑOS

Hay cosas que nomás no puedo creer. No creo, como hacen los budistas, que los seres renacemos continuamente en distintos reinos ontológicos. Esto me parece igualmente inconstatable que la idea del cielo, el infierno o el Olimpo; tengo las mismas razones para creer o no creer en cualquiera de esas cosas. Lo que sí comparto con el budismo son ciertas ideas éticas, por ejemplo: que todos los seres con mente (animales) buscamos la felicidad, lo cual explica que los grillos, las ranas, moscas, medusas, caballos, orugas, jirafas, ornitorrincos, catarinas, macacos, belugas y azotadores se procuren alimento, casa y se alejen del dolor. Por nuestra parte, los animales humanos, como es por todos sabido, somos idiotas, de modo que confundimos la felicidad con las cosas, el poder, etcétera.

No sé ustedes, pero yo he lastimado docenas de bichos, debido a la aversión que me despertaron. Pobres arañas, pobres ciempiés, seguramente entraron a mi cuarto buscando qué comer, dónde vivir y de repente, tómenla patones, les solté el chanclazo; peor les fue a las arañas patonas, mismas que durante años fumigué (por no decir: ahogué) con líquido matabichos. También participé indirectamente en la matanza de crustáceos, pues una ocasión, en Veracruz, les dije a unos primos más chicos que me gusta coleccionar conchas; y a ellos “se les hizo fácil” juntar varios cangrejos ermitaños, echarles agua caliente para matarlos y que sus casas formaran parte de mi colección. Con el deseo de compensar estas pérdidas crustáceas, ahora cuido dos cangrejos ermitaños: Matilde y Jeremías. Y pronto adoptaré más.
He aquí a Billy, cangrejo oriundo de Costa Esmeralda, Veracruz, donde esperamos que siga viviendo feliz.

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