Exactamente hace una semana, me dice mi je(fecita)chu(la): vamos a comer lejos de aquí ¿no? Y le contesto: camarón, dijo el ostión. Tomamos la libre a Cuernavaca. Yo iba cante y cante “attenti al lupo, attenti al lupo, livin’ together, uo-o-o-o…” Después de un rato de manejar, mi jechu decidió retornar, rumbo a una cabaña donde vendían comida. Para el coche, y vamos viendo a un ñor, quien creyó que nos habíamos detenido para darle un aventón. Estaba viejiiito, viejito, y usaba un sombrero y un morral; creímos que era un campesino. No tuvimos corazón para negarle el raid, de modo que en vez de retornar, seguimos derecho hasta Tres Marías, que es hacia donde él iba.
LA MAMÁ: ¿y a qué va?
EL SEÑOR: a ver al cura, porque estamos haciendo un libro.
YO: ¿sobre qué?
EL SEÑOR: sobre los nombres náhuatl, los nombres originales de los pueblos de México.
YO: órale ¿y a qué se dedica usted?
EL SEÑOR: Soy profesor.
Total que se presentó como Salvador Núñez, nos contó que vivió muchos años en el gabacho, dijo que sus libros se venden en El Sótano, nos explicó por qué Tres Marías se llama así, de quienes son las cruces blancas que están en el camino, el origen etimológico de algunos nombres que tienen los pueblos. No sé como, en tan pocos minutos, alguien pudo decir tantos nombres, fechas y acontecimientos. Y yo quería decirle: péreme, maestro, deje saco una libreta para tomar apuntes. Al despedirse, nos dijo que podemos visitarlo ahí, donde lo recogimos, pues tiene un rancho llamado La cima. Es un lugar ecológico, hay cabañas, un criadero de colibríes, lámparas con luz solar y nada de electricidad. Agregó que esa noche irían unos chamanes a hacer "una velación." Y, por primera vez, me dieron ganas de probar, un par de días, la vida de ermitaña.
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