LA TROMPETISTA DE FALOPIO



viernes, octubre 24, 2008

EL SÍNDROME DEL ADOLESCENTE. O POR QUÉ ME PONGO GALLITO

Verán, a veces las personas me dicen qué hacer. No es tiempo de que entres a tal cosa, termina la tesis antes de buscar un cuarto trabajo, no hagas caso a tu instructor y ponte otra pomada para tu (escultural y bien formado) bíceps, no cargues los debrayes ajenos, cierra el refrigerador, aprende a escuchar. Si yo fuera una persona tolerante, tendría oídos para esta clase de palabras; podría pensar que son dichas con una intención consejera y no imperativa, que tales personas desean lo mejor para mí. Sin embargo, como una adolescente, suelo creer que toda intervención es un intento de normarme la vida, una afrenta a mi libertad; entonces brinco cual gallito y digo: yo entro a donde decido y cuando lo decido, tengo veinte trabajos si quiero, me pongo la pomada que se me da la gana en mi (escultural y bien formado) bíceps, cargo los debrayes ajenos que se me antojan, no cierro el refrigerador y ahorita mismo me arranco las orejas para no escuchar. Sólo me falta romper mis pantalones, hacerme un corte de cabello estilo mohicano.
Síndromes: enanez y egomanía; pero que quede claro: eso sólo me lo puedo decir yo.

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jueves, octubre 09, 2008

MI TESIS ES COMO EL CHAPOTEADERO

Yo nadaba cuando era preescolar. Tenía unas chanclas con un Ziggy estampado; eso no viene al caso, pero me gusta mucho recordar mis chanclas de Ziggy. En la escuela de natación, antes de entrar a la alberca los niños debíamos permanecer quince minutos en el chapoteadero. Recuerdo que durante una temporada yo no quería chapotear: por eso me ponía a la chille y chille, no quiero, que no y no, yo aquí me quedo. Sin embargo, una vez dentro, disfrutaba mucho el agua; pero al siguiente día, de nuevo me ponía rejega. Así mero me pasa con la tesis. Estoy terminando el tercero de tres capítulos. Cada que tengo tiempo de sentarme a escribir, me digo que no, no, yo me quedo frente a la televisión; cuando por fin encuentro voluntad, voy, me siento, trabajo y lo disfruto; pero al otro día, viene el cus cus irracional y una vez más me quiero poner a la chille y chille.

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