LA TROMPETISTA DE FALOPIO



miércoles, marzo 31, 2010

"MUJERES ASESINAS." UNA ESTÉTICA DE LA VIOLENCIA FEMENINA.

Lo admito. No me pierdo un capítulo, sobre todo, porque soy amante del suspenso. Y lo que sea de cada quien, esta serie me mantiene "con el Jesús en la boca" y el signo de interrogación en la cabeza, pues desde el inicio me pregunto quién será la asesina, quién el asesinado, cuáles serán el modo y los motivos. Sin embargo, no coincido con la idea fundamental del programa.
Los motivos varían: algunas mujeres matan debido a algún trastorno, fanatismo, celos, venganza. Sin embargo, la mayoría de los casos comparte una circunstancia: ellas fueron maltratadas. Al final, en todos, absolutamente todos los capítulos, la asesina levanta la vista, orgullosa, al mismo tiempo que suena una música viva y fuerte, como un himno, que eleva, casi a diva, a la mujer asesina. De este modo, se imprime un carácter positivo en su acto. No falta quien sostiene que dichos asesinatos son justos, en la medida que se trata de acciones que compensan el maltrato que sufrieron las protagonistas. Lo que hay detrás de tal idea es la identificación de la justicia con la Ley del Talión.
Habría que preguntarnos si, efectivamente, este programa es una reivindicación del sexo femenino. Personalmente, estoy segura de que no. Un cirujano plástico utiliza a una mujer y ella le destroza la cara con ácido; un hijo de la chingada apuesta su casa a cambio de sexo con tres hermanas, pierde la apuesta, pero no lo acepta, entonces, ellas lo matan a golpes y cuchilladas. Un hombre hostiga a una inquilina y ella, literalmente, lo cocina en tamales. En el fondo, la serie muestra que las mujeres somos capaces de hacer cosas iguales o peores que las que hemos sufrido. Esto me recuerda aquella película, The witches of Eastwick, que debió llamarse The bitches of Eastwick, donde las tres protagonistas (interpretadas por Cher, Susan Sarandon y Michelle Pfeiffer) hacen sufrir al diablo y lo vencen, en otras palabras: las mujeres somos peores que el diablo.
La auténtica reivindicación de nuestro género consiste en no permitir ser violentadas, ni ejercer la violencia contra otros. Sólo así nos distinguiremos de aquello que repudiamos.

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lunes, diciembre 14, 2009

ODA A LA VIRILIDAD Y LA VIEJA ESCUELA

A Candelario, quien como buen serrano,
carece de internet.


En cuestión de género, a mí que no me vengan con discursos progre, a mí que no me chin. Dicen que en gustos se rompen géneros, pero en mi gusto se conserva el género a la vieja usanza, señoras y señores ¡que viva el cine de oro y La fierecilla domada! Yo respeto el gusto de las mujeres que encuentran atractivos a los intelectuales melancólicos, pálidos y huesitos, de ésos que recitan a Nerval y se agotan al subir las escaleras. Asimismo respeto el gusto de quienes se regodean con los lloriqueos de algún sufridor. Pero en mí, el instinto mató la racionalidad. No hay como los hombres bien fajaos, los bíceps férreos, la alegría, el cómo chingados no, la garganta curtida para el tequila, unos antebrazos adecuados para ceñir un fino talle al bailar, lugares comunes: el beso que no avisa y el pelo en pecho, que nomás de imaginarlos me dan ganas de cocinar, cual mujer de charro, montañés o herrero. Lamentablente, como siempre, ni yo misma sé si estoy hablando en serio.

Fotógrafo: Mijael Jiménez.

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miércoles, diciembre 10, 2008

EL FIN DE LA AUTOCENSURA. O ENTRE FALDAS TE VERÉIS.

Me choca no poder escribir todo lo que quiero en mi espacio; como quien dice, soy víctima de la autocensura. Esto se debe a que no sólo me visitan mis tías (a quienes ya he preocupado en otras ocasiones), sino también algunas amigas de mi jefatura y tal vez en el futuro lo harán mis alumnos y por eso me siento obligada a escribir puras cosas monas y nada escandalosas. De cualquier modo, ya me fastidió autocensurarme, así que ahí les va el post de la confesión, qué más da si mi familia ya lo sabe y muchos de ustedes también.
Les cuento que a mí siempre me han gustado los chamacones; de hecho, una de mis primeras frases fue “gusta Gabiel,” quien por cierto me llevaba diez años. Recuerdo los nombres de todos los niños que me gustaron en la primaria, y recuerdo que muchos de mis momentos felices en la secundaria los pasé con mi mejor amigo, aquel del only you can do make the darkness bright. Ya en la preparatoria y en la universidad tuve dos novios a los que amé con delirio y obstinación. Además, en los períodos de soltería me fascinaron los nenorros que mostraban lo que socialmente es signo de virilidad: piel peluda, dureza en los bíceps, galantería, fuerza bruta e incluso la habilidad de montar un caballo.
Como pueden ver, mi historial amoroso ha sido heterosexual; sin embargo, por distintos azares y motivos llevo ocho meses con una novia. Sí, como lo leen. No sólo eso, sino que además me enamoré de ella. Así, he experimentado cosas nuevas y hermosas y he sido feliz, pero también he comprendido los padecimientos de mis amigos y exnovios. Ahora sé cómo se sienten las frases del tipo: “disculpa que esté distante, deben ser mis hormonas,” “reconquístame,” “ven vete ven vete ven no sí no sí no.” También sé cómo se sienten las palabras estilo Lupita Dalessio, tras ellas el teléfono descolgado durante horas y uno marcando con desesperación ¿Y saben qué? Me parecería gracioso si no fuera yo quien lo vive; pero estoy segura que en unos años me reiré de esto. Mientras tanto no sé si me afirmo aquí o me reivindico allá y sólo quiero ser feliz como aquel personaje que se enamoró de un ornitorrinco y viajó dentro de la caja de un violín.

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miércoles, septiembre 19, 2007

VIENES, FOLLAS Y TE VAS II

Nota preliminar: la parte I, querido lector, puede encontrarla a la derecha, en mi top ten de antaño.

"Uno no puede evitar que el fulano se vaya, lo que sí puede evitar es que se venga. "
Mi comadre Cló.

INTRODUCCIÓN
La Choy dice que es falso casi todo enunciado que comience con “los hombres son” o “las mujeres son.” Yo digo que en cuestiones de género (particularmente en el fenómeno que aquí nos ocupa) hay tendencias dominantes, aunque hay también comportamientos que se alejan de éstas, “constelaciones” para decirlo con términos de Jorge Luquitas, eminente filósofo que nunca dedicó un libro al tema del vienes, follas y te vas, lo cual es una lástima. Por eso es que yo me parezco menos a Jorge Luquitas y más al autor del chaca libro titulado “Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus,” lo cual, es también una lástima; pero no estamos hablando de mí.

SI TUS CARICIAS HAN DE SER MÍAS, DE NADIE MÁS.
Cito a la Choy: “a veces, cuando tengo mis dares y tomares con un recién conocido, sólo siento como si me estuviera hurgando la nariz.” La comprendo, como usted lo hace ahora, sagaz lectora. De esta afirmación puede inferirse que si no hay un vínculo emocional, en las ondas querendonas una no siente ni fu ni fa. Pero ¿qué pasa, señoras, cuando una está lacia lacia por alguien y alguien viene, folla y se va? Ah, no me vengan con que una puede asumirlo con la mano en la cintura. Por el contrario, tal como muestran los estudios del sociólogo Francois Champlain, nueve de cada diez mujeres mexicanas se truenan los dedos, despiertan con sobresaltos y chillan a moco suelto cuando el querido follador, tras venir, se va.

TRES VECES INFAME. LECCIONES SOBRE LA INMEDIATEZ.
Al respecto, veamos las tres tesis de mi vecino, mejor conocido como el Tres veces infame.
1) Es una fortuna recibir las cachondas bondades de la persona que a uno lo trae lacio.
2) En términos de placer, es preferible recibir las cachondas bondades de la persona que uno lo trae lacio, que recibir nada.
3) Uno carece de autoridad para determinar el modo y el tiempo que el otro ha de dedicar a uno. En esta afirmación descansa la máxima universal: “acepta lo dado y deja ir al dador de placer, ya vendrá otro.”
Personalmente las dos primeras tesis me parecen poquiteras. Atendamos la tercera, misma que puede reformularse en la frase que decía uno de mis changos: “yo nomás te quiero.” ¿Acaso no es éste un modo feliz de estar?

A DARLE QUE ES MOLE DE OLLA
Son los múltiples discursos de la tradición los que han sembrado el afán femenino por lo que perdura, y con ello las expectativas que a final de cuentas acuchillan. Yo digo: demandemos a Walt Disney y de una vez por todas aprendamos a gozar los beneficios de la inmediatez.

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