DE MI NUEVO TRABAJO
Lo que más me gusta de este nuevo trabajo es la gente. Casi todos son amables y como de mi edad. Un médico, también joven, más que jefe es mi compañero; es un pan. Dado que estamos en fechas navideñas, ellos juegan al “amigo secreto,” o sea: cada quien recibe regalos de alguien cuya identidad desconoce; así, aparece una pequeña botella con alipús en el escritorio de fulanito, unas estampas en la computadora de menganita, una bolsa de chicharrones colgando de la ventana, para perenganito, etc. Oficialmente, yo no tengo un amigo secreto, pues los papeles se repartieron antes de mi llegada; sin embargo, ayer recibí, de un modo no secreto, una moneda de chocolate; y hoy, cuando regresé de comer, encontré una cajita con moño y chocolates. En otro tiempo, esto me hubiera parecido cursi y bobo. Pero ahora, lo que veo es una bienvenida y una muestra de cordialidad.
Mis compañeros son médicos y diseñadores. Entiéndase: es un contexto rarísimo para mí. Algunos me hacen preguntas: “¿es correcto decir tal cosa? ¿Qué crees que signifique tal expresión? ¿Cuál es la aplicación de la filosofía?” Los médicos me han dicho que cuando me mandan un mail, les da pena que esté mal escrito, y hay los que me tratan como una compañera más.
En buena medida, estoy pasándomela bien debido a que sé que no estaré ahí durante mucho tiempo. Lo más seguro es que haga una maestría, un doctorado y que más adelante encuentre algo cercano a mis ideas, ¡espero que así sea! De cualquier modo, cuando vuelvo de la oficina veo a los trabajadores con los pantalones roídos, los zapatos gastados, las manos curtidas, veo su fatiga. Me siento triste, porque sé que muy probablemente ellos pasarán el resto de su vida haciendo un trabajo duro, monótono y muy mal pagado. Entonces confirmo lo que realmente quiero: encontrar mi trinchera y asumir mi responsabilidad social.

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