LA TROMPETISTA DE FALOPIO



viernes, diciembre 03, 2010

DE MI NUEVO TRABAJO

Busqué trabajo durante tres meses. Encontré algunas cosas, pero ninguna con un sueldo decente y sin el requisito de venderle el alma al diablo. Estaba contenta por mis proyectos y por mi trabajo monero, pero triste por no hallar una chamba estable; hasta que, hace una semana, entré como correctora, redactora y mediotraductora a una empresa de publicidad farmacéutica. Supongo que a algunos les sonará feo. Pero yo me siento muy contenta, pues estoy aprendiendo y por fin tengo un ingreso decente y estable.
Lo que más me gusta de este nuevo trabajo es la gente. Casi todos son amables y como de mi edad. Un médico, también joven, más que jefe es mi compañero; es un pan. Dado que estamos en fechas navideñas, ellos juegan al “amigo secreto,” o sea: cada quien recibe regalos de alguien cuya identidad desconoce; así, aparece una pequeña botella con alipús en el escritorio de fulanito, unas estampas en la computadora de menganita, una bolsa de chicharrones colgando de la ventana, para perenganito, etc. Oficialmente, yo no tengo un amigo secreto, pues los papeles se repartieron antes de mi llegada; sin embargo, ayer recibí, de un modo no secreto, una moneda de chocolate; y hoy, cuando regresé de comer, encontré una cajita con moño y chocolates. En otro tiempo, esto me hubiera parecido cursi y bobo. Pero ahora, lo que veo es una bienvenida y una muestra de cordialidad.
Mis compañeros son médicos y diseñadores. Entiéndase: es un contexto rarísimo para mí. Algunos me hacen preguntas: “¿es correcto decir tal cosa? ¿Qué crees que signifique tal expresión? ¿Cuál es la aplicación de la filosofía?” Los médicos me han dicho que cuando me mandan un mail, les da pena que esté mal escrito, y hay los que me tratan como una compañera más.
En buena medida, estoy pasándomela bien debido a que sé que no estaré ahí durante mucho tiempo. Lo más seguro es que haga una maestría, un doctorado y que más adelante encuentre algo cercano a mis ideas, ¡espero que así sea! De cualquier modo, cuando vuelvo de la oficina veo a los trabajadores con los pantalones roídos, los zapatos gastados, las manos curtidas, veo su fatiga. Me siento triste, porque sé que muy probablemente ellos pasarán el resto de su vida haciendo un trabajo duro, monótono y muy mal pagado. Entonces confirmo lo que realmente quiero: encontrar mi trinchera y asumir mi responsabilidad social.

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martes, enero 19, 2010

SOBRE "AVATAR," HOLLYWOOD, Y LOS DISCURSOS PROGRE.

No sé por qué a algunos amigos les gustó Avatar. Digo, no se puede negar el mérito en la forma; es fascinante ver volar a los dragones en la pantalla grande, lo mismo que ver montañas flotantes, monstruos y jardines fluorescentes. Pero “calmantes montes,” no nos dejemos apantallar por la forma y hablemos de la historia. Alguien me dijo que ésta tiene un sentido indigenista. Alguien más dijo que la película nos muestra la ambición destructora que caracteriza a la potencia estadounidense. Es cierto que en la película hay cierta representación positiva de los Na’vi, en cuanto se les reconoce como seres que mantienen una profunda relación simbólica con la naturaleza; mientras que la relación de los gringos con ésta, es meramente utilitaria: "el uso de los recursos naturales genera dinero, destruyamos lo que sea necesario para obtenerlo."
Detrás del reconocimiento de cosas positivas en lo otro, Avatar contiene una subestimación que es fundamental en la trama (y que está presente, por ejemplo, en Danza con Lobos): la tribu es incapaz de defender, por sí misma, su tierra; los nativos son incapaces de reconocer al enemigo, así como de idear y llevar a cabo una estrategia exitosa contra él. Por ello, es necesaria la intervención de un gringo, mas no de cualquiera, sino de un buen marín inflitrado (quien seguramente, antes tuvo que matar un par de niños iraquíes o kosovares). Los Na’vi hubieran muerto y los espectadores llorado al final de la película, de no ser por nuestro héroe, un soldado estadounidense, estratega valiente y honorable.
Por otra parte, no hay que perder de vista que la onda ecologista y aparentemente indigenista, no es más que una estrategia de mercado, para vender el filme no sólo a los aficionados a la acción, el drama, la fantasía y romance, sino también al sector progre. Hollywood me gusta, mientras no intente introducir discursos progre, pues cuando lo hace resultan esperpentos como esta mezcla entre Danza con Lobos, Pocahontas, Rambo y Aliens. ¡Mejor vean Zombieland! donde Hollywood se parodia a sí mismo y uno puede reírse montones, se las recomiendo ampliamente.

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lunes, septiembre 28, 2009

UN DÍA PARA LA VILLANÍA

Mis apás no me dejarán mentir: desde que era mujer de cero metros, he tenido un carácter que jajijos. A pesar de esto, dejo claro que no me resigno a ser un hígado encebollado. Antes bien, cuando estoy enfurruñada, hago grandes esfuerzos de contención, canalización y cordialidad, para no dejar un mal sabor de alma a quienes me rodean. Pero ¿saben qué? Hoy me siento harta de mis intenciones de buen comportamiento. Así que con un fin catártico, liberador, mañana me pondré mis botas malignas, saldré a la calle, les robaré a los niños sus paletas, discutiré con mis vecinos, le sacaré la lengua a las viejitas, molestaré al conductor del metrobús, y a la menor provocación escupiré las mejores frases de villanos.

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martes, julio 21, 2009

OLDIES. JOYAS DE LA BASURA GENERAL.

Se supone que en mi casa no se veían esas cosas, ay sí cómo no, si a mi papá bien que le gustaba ver La pícara soñadora. Por nuestra parte, mi mamá y yo hacíamos sobremesa con Agujetas de color de rosa, telenovela gracias a la cual las niñas clasemedieras queríamos ser patinadoras profesionales de hielo, pero nos conformábamos con tres visitas anuales a la pista de San Jerónimo; o con nuestros patines de ruedas, al fin que con imaginación el asfalto se convertía en hielo. Como les decía, es un mito que en mi casa no se veían telenovelas, de hecho los tres integrantes de la familia nos echamos completita Mirada de mujer, porque era un escándalo que la protagonista tuviera sus dares y tomares con un chamacón menor que ella, y no podíamos vivir tranquilos sin saber cómo acabaría aquel bochinche.
De cualquier manera, las mejores telenovelas son las malas, aún más malas cuando se ven años después. Hace poco mi jechu y yo vimos María Isabel, filmada hace una década. Créanme, nos dolía la cara de risa al ver a Adela Noriega, bien indígena ella, hablando dialecto huichol y con un trenzón más grueso que sus brazos; “yo la voy a ayudar, ucanunuchi” le decía a Ilse la de Flans. Entre esas telenovelas viejas que pasan en el horario de las once, también vimos partes de María la del Barrio, a quien algunos personajes, con desdén y a la vez respeto, llamaban “La señora María la del Barrio.”
Así podríamos mencionar otras joyas de la basura general, mismas que tienen lugar en escenarios de cartón, con galanes de fonda, mujeres fatales que preparan brebajes para envenenar a su rival, muertos chapeados, embarazadas que ruedan por las escaleras, lágrimas que no brotan del lagrimal sino de la mitad del ojo, hijos arrebatados, conversaciones inverosímiles y otros detallazos.

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domingo, junio 21, 2009

CHAMACONES Y CHAMACONAS DEL EXTERIOR:

Me han perdido. Anoche no quise ir a echar el chocolate con Nachín. Hoy no quise ir a echar la quesadilla al Ajusco. Parece que una vez desnoviada, cedí sin resistencia al mundo cibernético; como quien dice: me tiré al vicio. Si fuera hombre, estaría desaliñado y barbón; por fortuna estoy aliñada, lironda, perfumosa, pero con pompas de mejoral. Yo creí que había superado mi adicción; ahora veo que las recaídas pueden ser fatales. ¿Cuándo reuniré voluntad suficiente para el proceso de rehabilitación? Eso aún no lo sabemos. Esperemos que pronto. Mientras tanto les anuncio que se está cocinando un nuevo blog colectivo, surtidito y uyuyuy.

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viernes, mayo 15, 2009

COMO UNA ROCKOLA

Cuando era tan chiquita que vivía en un hoyo de la pared, mis papás estaban al pendiente de todo lo que veía en la televisión o escuchaba en el radio, lo cual es una desafortunada consecuencia de ser hija única, pues en caso de tener hermanos, la supervisión estricta no se hubiera concentrado en mí. Como les iba escribiendo, yo tenía derecho a tres programas que no fueran telenovelas, ni caricaturas violentas, de hecho figúrense que un día, al prender la televisión encontré una escena donde Hi-man era arrojado al agua y quedaba flotando inconsciente sobre un tronco, cosa que me asustó tanto que apagué la televisión, y cómo no, si estaba acostumbrada a Heidi, a la escuela de animales donde la maestra era una conejita amarilla y otras ñoñerías del estilo.
En cuanto a la música, no es que tuviera prohibido escuchar lo que estaba de moda, es simplemente que mis papás escuchaban otro tipo de música, que a mí también me gustaba y que me gusta hasta ahora. De cualquier manera, agradezco mucho a mis tías, especialmente la mayor, el acceso a esas rolas malas que son tan buenas, como aquella del y yo qué sé, dónde va, dónde vive, y siempre igual, y yo que sé, que no soy detective, la paso fatal, mi chica de humo, mi chica de humo, así como las de Alejandra Guzmán, Flans y aquella de Chayanne que podemos resumir en una frase: “soy estúpido pero bailo bien” y que dice: yo no tengo filosofía, ni cuestiono las ideologías… pero traigo este ritmo, delicioso y caliente.
Aquí entre nos, cuando comencé a bajar música de la red, buscaba rolas, digamos, de calidad. Luego acepté que también me gustan muchas cosas malas, de modo que puedo escuchar con felicidad una escala que va de Kronos Quartet hasta Gloria Trevi, pasando por Tom Waits, Son de madera y The Ronettes. Qué viva el gusto universal.

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jueves, abril 23, 2009

EL OFICIO. VOCACIÓN Y MASOQUISMO.

En este oficio, créanme, es necesario cierto grado de masoquismo. Y es que muchos chamacos de esta edad son picoteros y peleones como loritos tamaulipecos. A veces, por ejemplo, un alumno se pone insolente, me reta y en un minuto se convierte en caramelo, o viceversa: a un alumno tranquilo de pronto le entra el chamuco y hay que llamar al señor cura. Y ya no me sorprende que alguien tuerza la boca, levante la voz, azote la puerta, me vea las tambochas, me contradiga sin cesar, o que un grupo elija de manera unánime boicotear la clase. Ni me sorprenden los contrastes entre comentarios del tipo: "maestra qué bronceado tan sensual" y "maestra, hoy viene más café."
Es la primera vez que trabajo en esto durante un ciclo escolar completo. Lo disfruté. Ya hasta tengo planes para los próximos cursos. Me gustó especialmente el grupo fuenteovejuno, porque su rebeldía, inteligencia y apatía unánime, me obligaron a ejercitarme en paciencia, autocontrol y resistencia a la frustración; además, tuve que buscar temas y recursos llamativos, e intenté que el centro de la discusión fuesen precisamente las ideas que están detrás de su indolencia y rebeldía ciega. Tiene sentido preguntarse qué es la libertad, cuáles son nuestros fines como individuos y como colectividad, si nosotros mismos somos fines o medios; qué es lo deseable, lo posible, lo viable. ¿Quién dice que la Filosofía en bachillerato tiene un carácter transversal o secundario? Pregunta retórica.
En fin, me reí de sus chascarrillos, disfruté ver películas con ambos grupos, planear las clases, impartirlas y aprendí de los errores cometidos. Hasta me divertí en el maratón que algunos maestros organizamos, donde los chamacos se mojaron con globos, armaron una coreografía de Queen (actos estrictamente necesarios para avanzar casillas) y al final se pusieron punks y abandonaron el juego. No niego la cruz de mi parroquia: me gusta trabajar con gente que está en esa edad donde es peleona, alburera, rebelde y a menudo insolente.

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viernes, marzo 20, 2009

CINE DE TERROR. MÁS DEMONIOS Y MENOS FANTASMAS.

Disfruto mucho las películas de espantos, sea cual sea su calidad, digo, si es que pueden considerarse síntomas de goce el encogerse en la butaca del cine, dar pequeños gritos, brincar de pronto y apretar constantemente (hasta el grado de producir magulladuras) el brazo del acompañante. De cualquier manera, al final siempre es lo mismo: la película no fue buena, estuvo llena de clichés, es una lástima que siempre tenga que recurrirse a los recursos ruidosos para espantar.
Hace unos días fui a ver La profecía del no nacido. Es bastante mala. Sin embargo, la entidad central no era un fantasma, debido a lo cual la película tenía posibilidades de éxito. Les diré por qué. Los fantasmas están en desventaja en el terreno de los espantos. Vean: Santi (el fantasma del Espinazo del diablo) buscaba que se le hiciera justicia, misma que se logra cuando muere su asesino; Samara (The Ring) necesitaba que alguien comprendiera lo que había sufrido estando dentro del pozo; Tomás (El Orfanato) deseaba jugar, y lo mismo que sus compañeros buscaba que su historia de enfermedad y encierro fuese conocida; La familia y los sirvientes de Los Otros pretendían permanecer en su hogar, y qué decir de los fantasmas de Sexto sentido, quienes requerían una serie de favores por parte del protagonista humano. Con todo esto, quiero decir que dado su origen, a pesar de ser un no-humano, el fantasma conserva sentimientos y persigue fines demasiado humanos para ser considerado una entidad digna de espanto; de hecho, en todas estas películas al final las personas comprenden al fantasma y de algún modo se reconcilian con él.
En La profecía del no nacido, la entidad central es Dybbuk, una especie de espíritu maligno o demonio. Lo mismo que en El exorcista, aquí hablamos de un ser inmaterial; sabemos que busca invadir un cuerpo, sabemos que es capaz de transformarlo, haciéndolo cada vez menos parecido a lo humano y más cercano a lo monstruoso. Sin embargo, ignoramos su origen, sus intenciones, la manera de alejarlo (algo parecido ocurre en El Ente). Y su fuerza en el género de terror radica precisamente en ser una entidad agresiva e incomprensible para el humano. Por eso pienso que aunque después del Exorcista no ha habido otra gran película sobre el tema, los demonios son una posibilidad para el buen cine de terror.

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miércoles, agosto 06, 2008

SOBRE LAONDA NOVENTERA

Comparada con otras, la década de los noventa no tuvo mucho chiste; sin embargo, mis mejores recuerdos son noventeros, y comienzan a parecerme lejanos. Así, por ejemplo, si abro un álbum me encuentro a mí misma con un kilométrico, tieso fleco enrollado hacia adelante, una camisa de cuadros amarrada a la cadera, una dona en la mano, y para rematar: un cinturón con broche cardioforme y metálico. Mis amigas tenían un aspecto parecido al mío; es increíble que pensáramos que nos veíamos guapas arregladas de ese modo.
Recuerdo que cuando salí de sexto de primaria, una tía me regaló un walkman, que en ese entonces era lo último en tecnología, al menos para los adolescentes clasemedieros. En mi walkman no sólo escuchaba los cassettes que había comprado, sino también los que grabé de alguna estación de radio; era una lástima que llegara el momento en que la cinta se atoraba, de modo que había que sacarla con cuidado; si se rompía, era necesario ponerle un poco de yures, luego introducir un lápiz en uno de los dos agujeros del cassette y órale maestro, a enrollar de nuevo, yabadabadú.
Ya que estamos en la hora de los viejos guilty pleasures, confieso que yo también dije me gusta un chorro está de pelos, fui a noches coloniales en las que bailé scatman, patiné en hielo y pensé que Gillette era radical. Podría añadir información sobre un par de telenovelas, pero sería demasiado autobalcón. Aquí dejo el post sobre la generación del lukas, las tardeadas, reino aventura y la abeja bailarina de Blind melon.

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