LA TROMPETISTA DE FALOPIO



martes, mayo 04, 2010

I. HISTORIA DE UN CASO ESCALOFRIANTE.

1. Acerca de mi primo S.
No estoy calificada para decir que S es un genio. Pero puedo asegurar que tiene un coeficiente intelectual altísimo. Cuando tenía tres años, aprendió a sumar y a leer solo. A los cinco, empezó a preguntarse cosas sobre el universo, el infinito y la nada. Ahora tiene seis años y es un erudito en Geografía; puede decir la ubicación de cualquier país, su forma, así como su capital y el mar u océano más cercano. También tiene un manejo impresionante de la información referente a historia natural. S ha tenido algunos problemas con el control de sus emociones y la socialización.
2. En mi casa
Antes del problema que les contaré, S y otra prima, dos años mayor que él, se quedaron a dormir aquí. Más de una vez, tuve la impresión clara de que alguno de los dos estaba atrás de mí. Sin embargo, no era así. En la noche, abrí la puerta del cuarto donde dejé a los niños, y me encontré a S despierto, sentado; lo cual me produjo una sensación muy desagradable, que me cuesta trabajo describir; he sentido algo parecido en algunos lugares, digamos que es una mezcla entre malestar y un temor inexplicable. Al otro día, los niños jugaron algo que llaman: “la reina mala,” y que consiste en que la niña (la reina) se vuelve mala, entonces le ordena al niño (su vasallo) cosas como “quema todo, que no quede nada.” Este juego también me produjo una sensación muy desagradable.
3. Los primeros síntomas y el sanador.
Recientemente, el niño comenzó a tener reacciones tales como cubrirse los ojos de pronto, y comenzar a llorar de un modo desesperado, sin razón aparente; esto le ocurrió en un lugar público, así como en su casa y en la de mis abuelos. No pudo verbalizar lo que sentía, pero pidió que, tras ser bañado, mi tía lo llevara completamente tapado hasta su habitación. Donde pidió estar solo y encerrado. Por su parte, cuando mi tía estaba cerca del niño, sentía como si alguien le sobara la espalda.
Mi familia visita a un señor que estudió medicina tradicional, pero que ahora se dedica a a la homeopatía y "el manejo de la energía." Es una especie de sanador que ha ayudado a mis tías y a mi abuela, cuando la medicina tradicional no rinde resultados; por ello, mi tía llevó a S, su hijo. Cuando el sanador pasó las manos por encima del niño, se le erizaron los vellos más de una vez, se le secó la boca y dijo percibir algo que no podía interpretar. También sintió “eso” dentro del consultorio, y de hecho, los péndulos con los que trabaja (mismos que detectan el campo electromagnético de la persona) se activaron en algunas partes del este lugar. Finalmente, el sanador dijo a mi tía que él no podía ayudarlos y que debían buscar a otra persona, capaz de interpretar que era “eso” que el niño tenía consigo.
4. Síntomas más severos.
La semana pasada mi primo S no pudo levantarse de la cama. Mi tía médico notó que el niño había perdido casi completamente el tono muscular; es decir, sus músculos estaban blandos, como los de un viejito. Asimismo, estaba completamente débil. Por otra parte, el niño tenía un olor desagradable y peculiar. Sin embargo, tras examinarlo, no encontró una causa para los síntomas, al menos no desde una perspectiva médica. El niño se rehusaba a comer, lo poco que comió fue con una petición muy clara a mi abuela: “como, pero vete, pues no quiero que nadie me vea comer.” De hecho, esos días pidió estar solo, bajo las cobijas, y encerrado en un cuarto, sin que se le molestara.
5. Curandera y recuperación.
Por recomendación de una vecina, el miércoles pasado, mi abuela llevó al niño con una curandera, quien dijo que alguien había hecho un trabajo de brujería, que quizá no iba dirigido al niño, pero que recayó en él. Pidió una prenda suya y su fecha de nacimiento. Cobró 50 pesos, y aseguró que S mejoraría el viernes, y que si no fuese así, ella devolvería los 50 pesos.
Efectivamente, el viernes, el niño se levantó, comió, jugó y en suma: los síntomas desaparecieron. Aunque, el fin de semana, mi familia pidió ayuda en una iglesia, y una señora dijo que el niño tenía "algo malo" (no visible para nosotros) colgado en un brazo.

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II. ANÁLISIS DEL CASO

2. Mi sensación emocional no puede ser criterio de la existencia de algo externo. Quizá el niño tiene un trastorno de sueño. Por su parte, el juego de “la reina mala” seguramente puede ser explicado desde la psicología infantil.
3. La angustia, el miedo aparentemente irracional, el deseo de estar solo y la incapacidad de verbalizar sus sentimientos, seguramente también pueden ser explicados desde la psicología infantil.
La sensación física de mi tía (que alguien le toca la espalda) puede explicarse con base en la sugestión, es decir: el niño percibe o cree percibir algo, entonces a ella le ocurre lo mismo.
La sensación del sanador tampoco es criterio de la existencia de algo externo y maligno. Sin embargo, el movimiento de los péndulos donde no hay algo visible, es más difícil de explicar. Por supuesto, me dirán que el señor los movía, pero yo les preguntaría: ¿para qué? No necesita valerse de trucos, pues mi familia lo visita a menudo. Si hubiese querido obtener más dinero, habría sugerido que volvieran, en cambio les dijo que buscaran a alguien más, dado que él no podía ayudarlos. Una posibilidad es que, dentro del consultorio, haya algún material productor de campos electromagnéticos, material que activa los péndulos.
4 y 5
. Si un niño de 6 años, de súbito, se rehúsa a comer, pide estar totalmente solo y lo único que quiere es dormir, podríamos pensar que se trata de un caso de depresión. Sin embargo, la pérdida total de energía y tono muscular no es un síntoma. Y, lo más interesante: la depresión no desaparece por arte de magia, en dos días, sin un tratamiento psicológico. Por otra parte ¿cómo explicamos que los síntomas hayan desaparecido el mismo día que la curandera predijo? Si se tratara de un adulto, podríamos decir que fue un placebo; pero me parece muy difícil sostener lo mismo en el caso de un niño que desconoce los temas referentes a la brujería, y que fue incapaz de reconocer y verbalizar aquello que estaba sintiendo o que le estaba ocurriendo. Es, en esta parte del análisis, donde pido la colaboración de ustedes, con el fin de encontrar posibles respuestas.
Para finalizar, como en casi todos los casos paranormales, hay que decir que no tenemos pruebas concluyentes acerca de la existencia de algo externo, pero tampoco resultan suficientes las explicaciones que apelan a la razón. Ahora bien, si concedemos que estos fenómenos son posibles, habría que preguntarnos: ¿Qué serían estas fuerzas invisibles, usadas para afectar a otras personas: energía o entidades con voluntad? ¿El hecho de que sean invisibles quiere decir que son inmateriales?¿Si son inmateriales son espirituales? ¿O bien, si afectan la materia (cuerpo)podemos inferir que en algún sentido también son materiales?

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lunes, octubre 26, 2009

BREVE ANTOLOGÍA DE RELATOS FAMILIARES Y ÑACA ÑACA

Desde hace muchos años, en casa de mis abuelos ocurren cosas escalofriantes. Voy a compartir con ustedes algunas de estas cosas, porque me encanta contarlas, especialmente cuando se acerca el día de muertos. Dedico estos relatos a Nélida y Melanie del Carmen, a quienes también les gusta contar y escuchar historias de espantos. Quedan invitados sus mercedes a narrar experiencias alusivas a nuestro tema.

Paso de la sala al comedor. “El de blanco.”
Casi todos mis familiares han compartido una visión: un hombre moreno, vestido con una túnica blanca, y que aparece casi vuelto de espaldas, de manera que sólo puede verse una parte mínima de su rostro. Mi abuela, por ejemplo, cuenta que una vez se dirigía al comedor, entonces vio “al de blanco” a unos tres metros, en el paso de la sala al comedor; ella dice que cerró los ojos y pidió no ver al aparecido cuando los abriera, y así fue. Mi abuelo en cambio asegura que esas cosas son payasadas; sin embargo, una noche, al salir al baño y cruzar la sala, creyó ver a mi tío Tito, a quien preguntó “¿Qué haces levantado a esta hora?” Pero ése no era mi tío. Y cuando mi abuela quiso saber con quién hablaba mi abuelo, él contestó “creí que había alguien, pero qué tonto, era yo reflejado en el espejo,” vaya respuesta increíble, pues resulta poco probable que un hombre que ha vivido cuarenta años en una casa, se equivoque de tal modo.
Recientemente, una de mis primas escolares, preguntó a mi abuela ¿quién es ese muchacho que está en la parte de abajo? Como mi abuela era consciente de que no había nadie más en la casa, contestó con otra pregunta ¿de qué color está vestido? Y la niña respondió: de blanco.

Paso de la sala al comedor. La veladora que no estaba.
La casa de mi abuelo se encuentra en desniveles. Supón que vas a visitarlos. En ese caso entras por una reja, bajas varios escalones y en tu costado derecho encuentras un jardín con una fuente, mientras que en el izquierdo está la parte habitada de la casa; como la puerta es de vidrio, puedes ver la sala, el comedor e incluso la otra puerta de vidrio, donde termina el comedor. Más abajo, hay un pequeño departamento, en el cual mis papás y yo vivimos durante mis primeros cuatro años, y que posteriormente fue habitado por un tío con su esposa e hija. Bueno, pues ya que has visualizado el sitio, puedo contarte que una noche, la esposa de este tío bajó las escaleras, y se sorprendió, pues a través de la puerta de vidrio, en el paso de la sala al comedor, vio una veladora. Sin embargo, como mi abuela pudo decirle al otro día: no hubo una veladora ahí.

La sombra que baja.
Como les decía, la puerta principal de la casa está hecha con vidrio, de manera que por lo menos la mitad de los comensales, puede ver el jardín a través de la puerta. Y algo que todos hemos visto (nótese que me incluyo) es una sombra que baja corriendo en la tarde. Sin embargo, por lo difuso de la imagen y la hora en que suele verse, pienso que se trata de un efecto óptico causado por los rayos del Sol, las hojas de los árboles y quizá otros factores.

La cara del bisabuelo.
Precisamente una noche de muertos, quedó empañada en la puerta una cara muy parecida a la de mi bisabuelo, es decir, el padre de mi abuela, que en paz descanse. Sin embargo, es posible que se haya tratado de una coincidencia o una broma de otro familiar.

El incidente con la caja de fusibles.
Además de la sombra que baja las escaleras, no he visto otra cosa en casa mis abuelos. Sin embargo, hace aproximadamente dos años, pasé la noche ahí, en una habitación cuya ventana da a un corredor angosto. De pronto se escuchó un golpe, como si alguien hubiese saltado de una barda al corredor (es una altura aproximada de tres metros) y luego “se apagó” la caja de fusibles, cosa que sólo puede ocurrir si alguien baja la palanca. Esa ocasión salieron mi abuelo y un tío, pero no encontraron alguien más en la casa. Una posible pero poco probable explicación es que algún vecino haya hecho esto, cosa que no parece tener sentido ¿con qué fin lo haría? O bien, quizá se haya tratado de algún asaltante arrepentido, que jamás volvió.


El estéreo.
Antes ocurría que giraba solo el regulador de volumen del estéreo. ¿La causa es un cambio de voltaje? No tengo los conocimientos electrónicos suficientes para contestar, pero hasta donde sé, los cambios de voltaje ocasionan que un aparato se apague, mas no que una de sus partes gire.

¿Quién buscaba a quién?

Tal como les contaba, mi abuelo niega y se burla de las cosas de espantos. Sin embargo, hace menos de un año le preguntó a mi abuela: por qué había vuelto a la casa Doña Jose (la señora que ayuda con el quehacer.) Mi abuela contestó que Doña Jose no había vuelto. Como mi abuelo vio claramente y en pleno día una señora en el patio inferior de la casa, decidió salir a buscarla. No encontró a alguien; entonces, quizá por primera vez, expresó su asombro y dijo a mi abuela: “caray, creo que vino a buscarme la flaca.”

Cuarto de abajo. El portarretratos.
Mi mamá dice que una ocasión, cuando vivíamos en esa parte de la casa, vio un portarretratos que se movió de un modo inverosímil: dio dos pequeños saltos hacia delante y luego cayó. Ella no cree en fantasmas, pero tampoco encontró una explicación convincente.

Cuarto de abajo. El niño "con ojos de chinito."

El cuarto está conectado con el resto de la casa por una escalera interna hecha de granito. Una noche, una prima preescolar se quedó ahí, y luego dijo a sus papás que un niño con ojos "de chinito" bajó las escaleras, se le quedó viendo y luego subió de regreso. Supongo que la mirada de el niño no fue amigable, pues mi prima se rehúsa a dormir de nuevo en ese lugar.

Cuarto de abajo. Una respiración.
Cuando dos de mis tías pasaban la noche allá, solían escuchar la respiración de un tercero no visible. Por esta razón, decidieron volver al piso de arriba. En cambio, hubo otra tía a la que no le molestaba tal respiración, sino que decía: “mientras no me haga algo...”

El enano.
A mi tía A le gustaba mucho asustarme, por ello, cuando dormíamos juntas (yo era adolescente) me miraba fijamente con cara de loca. Una noche comenzó a decirme “mira ese póster de Cats, los ojos del gato se están iluminando porque el ambiente se pone pesado,” de pronto saltó hacia la cama de mi tía G y comenzó a llorar; se veía desesperada. Prendimos la luz, pero continuó en ese estado ¿cuál era la causa? La visión de un enano. Otra noche, al salir de su cuarto para ir al baño, lo vio sentado en un sillón, lo cual la hizo regresar en mal estado a su cama. Lo más sorprendente es que ha tenido encuentros o alucinaciones táctiles con este ente, quizá el encuentro más traumático fue una vez que ella se dirigía al comedor y “él” salía de ahí, de modo que chocaron y mi abuela tuvo que tranquilizarla, pues créanme: se pone muy mal. También me enteré de que una vez ella se encontraba durmiendo en otra casa y cuando abrió los ojos lo vio ahí, de pie junto a ella.
Puesto que sólo mi tía A percibe al enano, podríamos pensar que se trata de una alucinación; sin embargo, en la casa a la que se mudó al casarse, la señora que limpiaba el lugar se llevó un susto, pues encontró pisadas “de niño” en el piso recién trapeado. Y, la última vez que mi tía vio a este ser, él estaba de espaldas, asomado al cuarto de su primera hija, que en ese tiempo era bebé.


Y por todo lo relatado, las pocas noches que duermo en casa de mis abuelos (mañana será una de ellas) tiemblo al ir al baño, y al salir del cuarto procuro no ver los espejos ni las ventanas, pues quizá algún día sea yo quien tenga una de estas extrañas visiones. Esperemos que no.

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viernes, septiembre 11, 2009

LOS CHAMACOS. QUÉ HACER, SI ASÍ ES SU SER.

Hay alumnos rockeros, poperos, metaleros, pro reggae y una alumna dijo yo amo el blues. Hay quien prefiere dormir, quien quiere participar durante toda la clase; están los que no se han enterado de que ya crecieron; están las chavas, generalmente hartas de tanta chiquillada masculina, está el fresa wannabe que usa el término “naco,” y está quien critica las contradicciones de la institución. Este año hay muchos cerebros que caminan rápido. Algunos alumnos te respetan porque eres su maestro, y por la misma causa otros buscan pelea contigo todo el tiempo, es como si dijeran “te declaramos la guerra, porque ése es nuestro trabajo.” También hay quien de verdad te admira, quien finge que le agradas; y dada la explosión hormonal, no falta quien te coquetea sutilmente, o de plano te sabrosea.
Se necesita tener una garganta y un hígado aguantadores, pues más de una ocasión tienes que levantar la voz para que te oigan y lidiar con comentarios agresivos. O hacer algunas cosas que te acercan al oficio de niñera. Es mucho trabajo. Y nunca se sabe qué tan conscientes son de ello, lo más seguro es que poco, porque es una edad en la que su atención se centra en: a)el amor b) el trauma c) el desmadre d) la búsqueda desesperada de reconocimiento.
No preguntaré si todo esto vale la pena, porque trabajar con adolescentes no es una pena, sino al contrario, es divertido, ellos nuncajamás pierden la oportunidad de aventar un chascarrillo. Mejor preguntado: ¿vale el esfuerzo? El día que se conmueven con una película, o que discuten sus ideas sobre la libertad, la justicia y la felicidad; y el día que recibes unas flores de papel que un alumno hizo para ti desde la cárcel (en donde no es justo que esté), ese día sabes que tu esfuerzo ha valido.

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viernes, marzo 20, 2009

CINE DE TERROR. MÁS DEMONIOS Y MENOS FANTASMAS.

Disfruto mucho las películas de espantos, sea cual sea su calidad, digo, si es que pueden considerarse síntomas de goce el encogerse en la butaca del cine, dar pequeños gritos, brincar de pronto y apretar constantemente (hasta el grado de producir magulladuras) el brazo del acompañante. De cualquier manera, al final siempre es lo mismo: la película no fue buena, estuvo llena de clichés, es una lástima que siempre tenga que recurrirse a los recursos ruidosos para espantar.
Hace unos días fui a ver La profecía del no nacido. Es bastante mala. Sin embargo, la entidad central no era un fantasma, debido a lo cual la película tenía posibilidades de éxito. Les diré por qué. Los fantasmas están en desventaja en el terreno de los espantos. Vean: Santi (el fantasma del Espinazo del diablo) buscaba que se le hiciera justicia, misma que se logra cuando muere su asesino; Samara (The Ring) necesitaba que alguien comprendiera lo que había sufrido estando dentro del pozo; Tomás (El Orfanato) deseaba jugar, y lo mismo que sus compañeros buscaba que su historia de enfermedad y encierro fuese conocida; La familia y los sirvientes de Los Otros pretendían permanecer en su hogar, y qué decir de los fantasmas de Sexto sentido, quienes requerían una serie de favores por parte del protagonista humano. Con todo esto, quiero decir que dado su origen, a pesar de ser un no-humano, el fantasma conserva sentimientos y persigue fines demasiado humanos para ser considerado una entidad digna de espanto; de hecho, en todas estas películas al final las personas comprenden al fantasma y de algún modo se reconcilian con él.
En La profecía del no nacido, la entidad central es Dybbuk, una especie de espíritu maligno o demonio. Lo mismo que en El exorcista, aquí hablamos de un ser inmaterial; sabemos que busca invadir un cuerpo, sabemos que es capaz de transformarlo, haciéndolo cada vez menos parecido a lo humano y más cercano a lo monstruoso. Sin embargo, ignoramos su origen, sus intenciones, la manera de alejarlo (algo parecido ocurre en El Ente). Y su fuerza en el género de terror radica precisamente en ser una entidad agresiva e incomprensible para el humano. Por eso pienso que aunque después del Exorcista no ha habido otra gran película sobre el tema, los demonios son una posibilidad para el buen cine de terror.

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